¿Qué es la Depresión?

DEPRESIÓN Y LAS SUSTANCIAS

 La depresión es un trastorno afectivo, una expresión de dolor con sintomatología psíquica y somática en la que la valoración del entorno del paciente, es fundamental para su diagnóstico y tratamiento. Según la OMS, la depresión afecta a unas 350 millones de personas siendo la principal causa de discapacidad en el mundo. En España, 1,5 millones de personas sufre depresión aunque al menos el 10-20% han padecido episodios depresivos en alguna etapa de su vida pese que nunca haya sido diagnosticada ni tratada como tal. Nos encontramos en un terreno pantanoso, el colapse del sistema sanitario hace que las políticas económicas parcheen la realidad y se suministren antidepresivos con ligereza que le salen al estado a un precio nimio y así palian la carga económica que acarrearía un tratamiento psicoterapéutico.

Su sintomatología, gravedad y persistencia varían dependiendo del tipo de depresión, y si viene asociada o no con otras patologías, siendo el tratamiento acorde al cuadro del paciente. Comúnmente, el tratamiento farmacológico es llevado a cabo por el médico de cabecera, no obstante,  la realidad es que su evolución estará íntimamente ligada al devenir de la patología psíquica asociada. La empresa farmacéutica se frota las manos ante el arsenal con el que cuenta, la lista es larga. Antidepresivos como  la fluoxetina, la reboxetina, la viloxacina, la paroxetina, la fluvoxamina, la mirtazapina, la mianserina, la amitriptilina, la sertralina, el citalopram, la imipramina o la clomipramina. Benzodiacepinas como el clonacepam o los ISRS, los IMAO, el litio, la carbamazepina, el ácido valproico, la lamotrigina o la gabapentina. Remedios a corto plazo que alivian la sintomatología pero que no erradican el problema, y que pueden crean efectos secundarios y nos empujan a la dependencia a ellos por su empleo prolongado. Por todos estos motivos, es imprescindible contar con la ayuda de un profesional de la psicología que nos ayude a superar la depresión.

La maquinaria financiera debe proseguir y por ello debe detenerse un elevado índice de absentismo y de jubilación anticipada. De hecho, es frecuente banalizar la enfermedad, de tal modo que con frecuencia el paciente abandona el tratamiento con anterioridad a lo recomendación del profesional aumentando así las recaídas y la cronicidad del trastorno o bien buscan “autoayuda” en internet. Son frecuentes las búsquedas en la web de “autoayuda para la depresión” en las que se recomienda la ingesta del “hypericum”, “hierba de San Juan” o “corazoncillo”, con las cuáles se debe tener cuidado pues presentan interacciones con otros medicamentos debiendo tomarse bajo prescripción y supervisión médica. Un arma de doble filo que no hace más que procrastinar el problema pues si  nos sentimos abatidos habiendo tocado fondo es difícil que tengamos el suficiente autocontrol y constancia para curarnos por nosotros mismos, y encima nos estamos exigiendo algo que se nos escapa de las manos y fomentamos nuevamente el sentimiento de fracaso.

Lo más realista es buscar ayuda profesional. Una vez en tratamiento el psicoterapeuta nos enseñará técnicas de relajación y de desensibilización, cómo afrontar pensamientos negativos distorsionados para autocontrolarnos, establecer patrones positivos de pensamiento, modificar patrones de conducta que propician la depresión o que son consecuencia de ella.  y manejar la sintomatología.  Del mismo modo, es cierto que realizar ejercicio físico será beneficioso para el bienestar personal físico y psíquico, al igual que las actividades sociales y de ocio.

Foto Articulo que es la depresion

La persistencia de un estado anímico  triste, apático, irritable acarrea tal sufrimiento que interfiere en la vida cotidiana de la persona incapacitándola en su trabajo, estudios, vida personal, social y ocio. La depresión afecta al funcionamiento orgánico, al bienestar anímico y a la mente.  Teniendo repercusiones en la manera de pensar, en el juicio y en el comportamiento. Generándose un sentimiento de inferioridad injustificado, una persistencia del sentimiento de inutilidad, falta de energía, agotamiento, dificultad para concentrarse, recordar y tomar decisiones. Afecta a la autoestima, a la alimentación y al descanso pudiendo generarse dolores crónicos y trastornos digestivos. Se vive en una sensación de “ir al ralentí”, “ir arrastrándose” siendo constantes los autoreproches, la falta de decisión y el pesimismo pudiendo pensar reiteradamente en la muerte e incluso plantearse el suicidio con algunas tentativas de llevarlo a cabo. Como puede comprobarse el menoscabo vital y destrucción que conlleva la depresión genera dolor tanto a los afectados como a su entorno.

Es cierto que puede existir cierta predisposición biológica para el desarrollo de dicho trastorno, no obstante para su desencadenamiento deben añadirse otros factores psicológicos y ambientales, tales como problemas laborales, estudiantiles, divorcio, problemas sentimentales, pérdida de un ser querido, tensiones diarias, conflictos con uno mismo, cambio de responsabilidades o el vértigo ante una nueva vida.  Es sabida la interrelación que existe entre cuerpo y mente por ello, el padecer ciertas enfermedades físicas como cáncer, trastornos cardiovasculares, Parkinson, accidentes cerebro-vasculares o trastornos hormonales pueden ser la mecha para caer en una depresión.

La existencia de ansiedad crónica es un factor de riesgo para el desarrollo de cuadros depresivos lo que explica el solapamiento de síntomas psíquicos y somáticos entre ambos trastornos son los llamados “ansioso-depresivos”. Tres de cada cuatro depresiones mayores son depresiones ansiosas. La ansiedad puede presentarse como un síntoma permanente durante el episodio depresivo pese que existan fluctuaciones en su intensidad. Así pues pacientes diagnosticados originalmente de ansiedad pueden desarrollar depresión. De hecho, trastornos como la fobia social o el trastorno de angustia suelen preceder a la aparición de estados depresivos.

En el diagnóstico médico deben descartarse que la sintomatología no sea consecuencia de la ingesta de sustancias psicoactivas o a la presencia de algún trastorno mental orgánico. Por ello, es fundamental elaborar el historial médico, los antecedentes depresivos, los patrones del habla, de la memoria y del pensamiento al igual que las ideas recurrentes de muerte. Trabajar en exceso, el alcohol, las drogas, el abuso de psicofármacos son herramientas al alcance para maquillar la depresión. El alcohol pertenece al grupo de los sedantes como los barbitúricos y las benzodiacepinas. Es un depresor con efecto tóxico en el sistema nervioso central, la formación reticular, la médula espinal, el cerebelo, la corteza cerebral y numerosos neurotransmisores. Altera las funciones vitales, ralentiza el pensamiento, el habla y el movimiento. Asimismo, afecta el control de las emociones, los pensamientos, el comportamiento provocando una sensación de recompensa o de calma ya que se incapacita para sentir dolor llegando a la inconsciencia o incluso el coma. El hecho de crear un sentimiento placentero aliviando tensiones y obviando, por un momento, las situaciones que causan malestar genera dependencia bebiendo a horas “socialmente” inapropiadas y afectando al devenir diario y a las relaciones sociales. Con el tiempo, el efecto placentero de la dopamina disminuye, la persona genera tolerancia y necesita aumentar la ingesta para llegar a la misma sensación conseguida con anterioridad, un círculo vicioso que suele desembocar en depresión y la mitigación de síntomas depresivos a través del alcohol es sólo un espejismo, no es un escape sino un debacle. La comorbilidad depresión-alcoholismo es extensa alcanzando porcentajes de un 36% en alcohólicos con sufrimiento psicológico. La depresión no cesará sin antes haber zanjado el consumo elevado de alcohol, por ello, antes que nada es necesario un reconocimiento del problema pues los síntomas de la depresión se parapetan en los efectos del alcohol entorpeciendo la terapia contra la depresión, retardándola y agravando sus secuelas.

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2017-11-25T02:46:35+00:00