¿Qué comemos cuándo estamos ansiosos? Alimentos para la ansiedad

 La ansiedad “negativa” nos activa excesivamente a nivel físico y mental ante una amenaza no real, afectando a nuestro cuerpo, psique, capacidades intelectuales e incluso a nivel social. Por ello, es fundamental conocer la ansiedad y no tenerle miedo. Esta amenaza hace que estemos inquietos, nerviosos. El cuerpo segrega adrenalina en las situaciones de peligro y el corazón aumenta la frecuencia cardiaca y la fuerza de los latidos, por ello, sentimos opresión o malestar en el pecho. La taquicardia es una alarma para que escapemos o nos preparemos ante un ataque. El cuerpo se activa despliega todo un mecanismo de supervivencia y por ello, tenemos náuseas, retortijones, sofocos aumentando la sudoración porque se eleva la temperatura corporal. Estamos agitados, respiramos más deprisa, hiperventilamos, sentimos más las sensaciones corporales desagradables. Paradójicamente notamos que nos falta el aire, tenemos la respiración entrecortada. Al hiperventilar sentimos visión borrosa e incluso sensación de ahogo, atragantamiento entre otras sensaciones muy displacenteras. De ahí la importancia de conocer la ansiedad y no tenerla miedo, manejarla, aliviarla y controlarla.

Un primer paso para aliviar la ansiedad sería aceptar que se tiene ansiedad, contactar con el psicólogo para empezar a dejar pasar los pensamientos negativos, fomentar los pensamientos positivos, trabajar conjuntamente en localizar la causa de la ansiedad y controlarla a través de mecanismos como la relajación a través de la respiración abdominal o alimentos ricos en magnesio, triptófano y vitamina B que fortalecen los nervios y calman, en buena medida, la sensación de nerviosismo que acompaña a la ansiedad.

¿Qué comemos cuándo estamos ansiosos? Alimentos para la ansiedad

El principal enemigo de la ansiedad es la sensación de hambre producida por el ritmo frenético de nuestras comidas, las dietas hipocalóricas, el estrés, las tensiones, las frustraciones… Llegamos a la cena con un hambre desatada a causa de la glucemia (baja glucosa en sangre) lo que nos hace atacar el dulce, el chocolate y todo lo que pillamos. Hay que plantearse que se esconde tras esa forma de comer compulsiva. “Cuando me siento ansioso me da por comer”. La comida se convierte en un alivio momentáneo a las emociones negativas. No obstante, la ingesta de dulce no solucionará su origen además de añadir el problema de comer compulsivamente. Sentimos que se reduce nuestro autocontrol (además de otros problemas colaterales como el aumento del colesterol, el deterioro de la imagen corporal al engordar etc). Los bajos niveles de serotonina, relacionados con un bajo estado de ánimo, hace que zampemos más dulces para aliviar nuestra ansiedad y así habremos entrado en un círculo vicioso. El comer compulsivamente es un síntoma de tener ansiedad.

El trastorno de ansiedad genera un gran desconcierto. Al aumentar la angustia, todo nos preocupa en mayor medida y el agobio ocasionado por los síntomas hace que nos inquietemos cada vez más. Es cierto que la ansiedad nos incomoda, pero no debemos permitir que nos incapacite, por ello si tenemos alguno de los síntomas mencionados sería conveniente contactar con un psicoterapeuta.

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2018-02-19T18:00:04+00:00